La banca de los abuelos
Mis abuelos pasan las tardes en el jardín, pero las sillas de plástico que usaban eran incómodas y ya se estaban rompiendo. Quise hacerles algo que durara más que yo: una silla baja, reclinada, donde cupiera un libro y una siesta.
Usé pino estufado de un aserradero local. Cada duela está atornillada, no pegada, para poder reemplazarla si algún día se astilla. El tinte naranja fue idea de mi abuela — dijo que el jardín ya tenía suficiente verde.
La primera tarde de sol. El libro es de mi abuelo.
Hice una segunda banca con los sobrantes, idéntica salvo por los nudos de la madera. Es la que está en venta aquí abajo. La primera no se vende: vive en el jardín de mis abuelos.